Queman las caricias en las
yemas de mis dedos
me ahogo en tus besos
deshojados
escuecen las llagas en mi
piel
huérfana de tus abrazos.
El azufre invade la
estancia
recorre mis venas
embriaga el corazón de la
noche callada
no dejando libertad a la
métrica de mis sentidos.
Perdidos besos que no me
robaste
dejan heridas en mi carne.
Sobran brumas entre tu
alma y mi alma
la locura me hunde y me
hace nadie
camino por un afilado
abismo
y en otras sábanas se
corrompe mi sangre.
