Al levantarse se sintió capaz. Hoy es el
día.
Alguna vez hay que sacar la cabeza, atreverse.
Mejor no ponerse a pensar ni en los pros ni en
los contras.
Cerrar los ojos a la realidad y cumplir un
deseo.
¿Cuántas personas
viven toda su vida sin atreverse a dar algún paso importante?
Ella no quería ser una de ellas, ya bastantes
años se había aclimatado a su propia vida;
era hora del
cambio, de hacer lo que le dictaba su corazón, lo que realmente quería y tanto
tiempo se había estado ocultando.
Ya no quería perder más tiempo, una vez
tomada la decisión ya no habría marcha atrás, a partir de ahora tocaba vivir su
vida, sus anhelos.
No pensaba despedirse de nada ni de nadie, no
quería oir reproches, no tenía intención de
recapacitar, las cosas mejor así, en caliente.
Se vistió a toda prisa; metió algunas prendas
en una maleta, guardó en ella algunas fotos y un par de libros, la cerró sin
más miramientos, se puso el abrigo y se dispuso a salir por la puerta. Giró
sobres sus talones y echó una última mirada a la que había sido su casa durante
tantos años, allí dejaba llantos, risas y sueños que hasta ahora no pudieron
ser.
Cerró de un portazo, cogió la maleta y bajó
las escaleras camino al portal.
Tiró del picaporte y se encontró de bruces con
un niño de corta edad, rubio como ella y con su mismo color de ojos.
El pequeño sonrió, se cogió de su mano y preguntó:
- ¿ Dónde vas, mamá ?
Bajando sus ojos, contestó:
- A casa... contigo, mi amor.






